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| Nuestro viaje. |
Esta vez, fuí yo la que me animé a coger el volante del coche. Al principio le tenía pánico, un coche de apariencia tan nueva, y más grande de lo normal, pero luego me gustó eso de conducir por California como si lo hubiese hecho toda la vida.
Salimos del hotel situado en Salina y en una hora más o menos llegamos a la ciudad de Monterey. Aparcamos dónde pudimos y bajamos a ver el embarcadero. Había como una paseo de tiendas de comida y souvenirs, parecido al que hay en San Francisco, pero con mucha menos gente. Me gustó mucho el ambiente, cómo no. Si es que cada rincón de California me enamorada cada vez más.
Después de estar un rato en el embarcadero reanudamos el viaje hacia San Francisco, cogiendo la autopista número 1, la más cercana a la costa.
Estuvimos durante un rato paseando y viendo la feria, hasta que decidimos irnos a comer, ¡por fin!
Eso es algo bastante importante en la costa de aquí. Es muy bonita de ver, pero como baño es ilegal y muy muy peligroso, en cualquier época del año, debido a las corrientes marinas de agua gélida, la posible presencia de tiburones y las gritas que hay en el mar que pueden sumergirte hasta muchos metros por debajo del nivel del mar, entre otras advertencias.
Llegamos justo a tiempo a la tienda de alquiler de coches para devolver el coche. Más tarde, acompañamos a Silvia hasta la estación de Muni (metro) y la verdad, es que ese momento no me gustó nada, tenerme que despedir de ella, que en tan poco tiempo habíamos estado tan unidas. Da la sensación que conoces mucho a una persona y de repente tiene que irse. Al fin y al cabo sabíamos desde un principio que a las personas que conoceríamos, eran tan solo pasajeras. Pero fastidia.
Bueno, después de toda la tristeza del mundo al despedirnos de Silvia, nos fuimos a casa a cenar y a descansar después de haber pasado 2 días de viaje por California.
Sweet dreams.

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